miércoles, 30 de septiembre de 2015

NO LO MERECES


Una de sus frases favoritas, al insultar a su mujer, era decirle, antes o después, en algún momento de la discusión, que si él quisiera, podría ser el mejor el marido del mundo. La carita de desconsuelo de ella al escuchar esa frase maldita, le producía una erección. A veces hasta la repetía casi enseguida para regodearse bien. Usaba la versión extendida, ampliada, mejorada:

- Yo podría ser el mejor marido del mundo, sé como ser lo que siempre soñaste... pero no lo mereces. No quiero, no vales la pena. Por otra mujer me esforzaría, por ti no.

Era mortal.

Mejor que llamarla vaca, gorda, puta o imbecil. Él veía como las palabras atravesaban el aire para clavarse, una a una, en ella, y aunque el efecto nunca fue tan espectacular como la primera vez, a los pocos meses de casados, siempre era impactante. La primera parte de la frase despertaba la esperanza en aquella zorra loca, aquel "podría", era la puerta del país de las maravillas que él podría abrir si lo desease, tenía la llave, podría hacerlo, pero ... no quería, y no lo hacía porque le faltasen ganas o fuerza, sino porque ella no merecía el esfuerzo.

Era perfecto, y la anormal siempre lloraba, siempre se derrumbaba y a veces, la gilipollas,  hasta preguntaba porqué. Observaba como ella se culpaba por no ser digna de su esfuerzo y esto lo dejaba muy satisfecho. Él se consideraba a sí mismo muy inteligente, usaba a menudo la ironía para ridiculizarla y siempre estaba poniendo en duda su buen juicio, insinuándole que no recordaba bien los acontecimientos del pasado o haciéndola pensar que no tenía capacidad para entender las cosas o tomar las decisiones correctas sobre ningún asunto, pero ninguna ofensa o ningún insulto tenía sobre ella el mismo poder devastador de aquel simple "podría".

La humillación constante, lo dejaba feliz.

Observar su tristeza, lo hacía sentir bien. Disfrutaba el poder absoluto que le daba sentirse el gran castigador de putas sin fronteras y la derrota cotidiana de ella lo  hacía sonreír.

No escatimaba esfuerzos en realizar cualquier cosa que pudiera molestarla, maltratar al perro, asustar a los niños, golpear objetos, dar portazos, abrir el grifo de la cocina al máximo para que el agua salpicase  hasta el suelo y exigir que se secase al instante antes de que alguien resbalase, o escribir en el suelo del patio con su chorro de orina. 

Eso la dejaba loca.

Él meaba de noche cuando estaba borracho y ella lo olía de día cuando el sol calentaba las piedras.

Nunca dijo nada, nunca lo comentó, jamás se lo reprochó, simplemente cogía la botella de lejía, el detergente, la manguera y la escoba y salía al patio a restregar aquellas piedras con toda la furia del mundo. La que no usaba para plantarle cara ni para devolverle los insultos ni los golpes. Una furia rítmica, cadenciosa, con sonido de arañazo en la piedra, de lágrimas, del asco con que ella limpiaba aquella porquería porque los niños usaban aquel espacio para jugar y ella no quería que oliese mal.

El sonido del odio.

A veces él se dejaba embalar por el compás de ella y se  masturbaba escuchando como el cepillo desollaba las piedras meadas. 

Nunca imaginó que ella lo sabía, lo descubrió un día al entrar en la casa a cambiarse las chanclas. Al pasar cerca de él notó el olor del semen pero no le pasó por la cabeza decirle nada, hacía tiempo que él había dejado de sorprenderla y de importarle.

Aquel día ella terminó de limpiar las piedras con la misma rabia de siempre pero con un nuevo sentimiento recién nacido que la hizo decir muy bajito y por primera vez una frase que a partir de aquel día sería su mantra.

- Tal vez un día te arrepientas de todo esto. Tal vez un día me pidas perdón o desees que yo te perdone aunque no tengas huevos de pedirlo. Tal vez un día yo podría perdonarte, pero no querré. 

No lo haré porque no lo mereces.

Isabel Salas


Mis libros están todos en Amazon

CLIK AQUÍ PARA CONOCER LA PÁGINA EN AMAZON




16 comentarios:

  1. Madre mía!!!! No sé qué poner, pensar, decir...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues nada, que es mucho mejor que hagamos las cosas lo mejor que podamos y no a medias para fastidiar a otros, como ese personajillo de la historia.

      Eliminar
  2. Una hoz y a segar a ran de tierra. Hay hombres que no merecen vivir.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A mí me gusta pensar que viven lo bastante para arrepentirse y sentir en el alma lo cabrones que han sido.

      Eliminar
  3. INSUPERABLE , COMO PUEDES DESCRIBIR ,ESA VIOLENCIA QUE MUCHAS MUJERES LO VIVEN IGUAL O PARECIDO A TU HISTORIA.SOLO PENSE QUE LO PODERIA DESCRIBIR TAN BIEN QUIEN LO HUBIESE VIVIDO.PERO ERES TAN SENCIBLE QUE CAPTAS EL ALMA FEMENINA COMO UNA EXELENTE PERSONA Y ESCRITORA QUE CONOCI VIRTUALMENTE CON SU PRIMER CANARIO Y AHI.....QUE BIEN ME HACES GRACIAS

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. He tenido la desgracia de convivir con un maltratador unos años. Nadie se libra de ese peligro y nada te prepara para saber como enfrentarlo y salir de ese bucle de violencia.

      Si ahora sirve para que otras personas que pasaron por cosas parecidas, se vean reflejadas en las historias que cuento y se sientan menos solas, pues bien está.

      Un gran abrazo

      Eliminar
  4. No se arrepentirá porque es un psicopata, mi amifa Shemirramis sabria muy bien como tratarlo. Muy bueno y por desgracia, muy real. Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es posible que nunca se arrepientan esos cabrones, pero arrepentidos o no, terminan solos.

      Eliminar
  5. Muy bueno¡
    ... quien a hierro mata a hierro muere...

    Salud.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Así debería ser, aunque la vida no sea tan justa.

      Eliminar
  6. El relato es tan bueno que me siento indignada. Quisiera poder decirle a esa mujer, que la misma esperanza que la hizo soportar esperando que ese maldito cambie, la mantiene atada, esperando que él se arrepienta.
    Un abrazo y gracias, Isabel.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En realidad creo que nadie cambia y los psicópatas jamás se arrepienten.

      Eliminar
  7. Vamos. Vaya relato difícil mi querida Isa. Tan duro y quizás tan cierto en tantos aspectos. Lo mejor de todo, ella lo venció, solo tenía que decidirlo. Muy bueno.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es lo mejor de escribir, que podemos imaginar finales felices. En la vida real no siempre las heroínas se quitan de encima a los hijos de puta y muchas terminan muertas.

      Eliminar
  8. Es una historia durisima que por desgracia nos ha tocado vivir a muchas, sin embargo por experiencia propia puedo decir que es posible salir de ese infierno en el que termina convertida la vida al vivir con un hombre tan despreciable como ese.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, cuando no hay hijos en común el divorcio es la salida del infierno, pero cuando los hay, es solamente el inicio de la verdadera pesadilla pues esos bandidos los usan para seguir maltratando a la madre a través de ellos, ejerciendo sus derechos de visita amparados por leyes machistas que no protegen a los niños en lo más mínimo.

      Para esas mujeres el infierno sólo termina cuando el hijo menor cumple los dieciocho y ya no es obligado a convivir con el maltratador. Tremenda realidad.

      Eliminar

Gracias por comentar. Tu comentario será publicado después de revisado. Abrazos